lunes, 14 de abril de 2008

La mochila

El jueves estuve un largo rato hablando con Encarni por teléfono. Al día siguiente ella se iba al Camino y la ocasión merecía una charla. Estaba nerviosa, intentado montar la mochila perfecta, ésa en la que no sobra nada que luego pasearás por media España. Pero aunque mi compañera ya tiene larga experiencia haciendo mochilas (creo que es la octava vez que va al Camino, si no me equivoco), el trance no es fácil. Y aunque me contó que ya lo tenía todo preparado, casi seguro que al final hizo cambios.

Cuando estás metiendo todas lo necesario en la mochila, te encuentras haciendo cosas tan ridículas como la de sostener una toalla en cada mano para ver la que pesa menos. Y es que cumplir la regla de no llevar más del 10% del propio peso, cuesta un montón. Es misión imposible. Así que lo haces lo mejor que puedes y siempre cuando ya estás en el Camino, juras y perjuras que la próxima vez no llevarás no sé qué, o crees que ya sabrás bien como lo tienes que hacer para acertar. Pero nada...

Tanto Encarni como yo hemos ido cambiando cada vez las cosas que llevábamos en la mochila. Nuestra última adquisición es una toalla ultraligera que venden en Coronel Tapiocca. Las dos escogimos la talla mediana, que pesa poco y tiene una buena medida. Espero que se seque tan rápido como parece... No es la típica "bayeta" que quizá conozcáis. Es una toalla con tacto como de piel de melocotón, con la que incluso te puedes secar el pelo, que creo que puede ser todo un acierto... Además lleva una bolsita que reduce muchísimo el espacio que ocupa. Genial! Ya os contaré qué tal.

En la foto, la toalla naranja, que es como la nuestra. La azul es la talla pequeña y aún hay otra más grande, de color verde. Incluso tienen una cinta para poderlas colgar. El precio de la que escogimos, ejem, es de 19,95€.

domingo, 6 de abril de 2008

De como Encarni se apuntó al Camino Portugués

En agosto de 2007, cuando estábamos haciendo el Camino del Norte, le conté a Encarni que yo tenía planeado ir con mis padres al Camino Portugués, en octubre de ese mismo año. Ella me pidió que le contara todos los detalles y yo lo hice: aprovechando que el 29 de octubre es el día del patrón de Girona, San Narciso, y que es festivo, y que luego venía el 1 de noviembre, también de fiesta, pedí en el trabajo hacer un mega-puente. No me pusieron ningún impedimento y empezamos a hacer planes. Para entonces ya hacía casi un mes que mi padre se había convertido en un jubileta, así que tampoco él tenía problemas para unirse a nosotras.

A Encarni en ese mismo momento le hubiera gustado decirme que ella también venía, pero tenía claro que sería difícil porque tendría que hacer un montón de cambios de turno con sus compañeros de trabajo. Hablamos de ello varias veces mientras caminábamos, pero Encarni no contaba con poder ir.

Unos días después de haber vuelto del Camino, me llamó un día mi compañera de fatigas para decirme que estaba con el calendario en la mano, mirando si podía arreglar todo para poder ir con nosotros, aunque un día después me envió un sms diciendo que realmente era una locura porque ese año ya había hecho varios viajes y que lo más sensato era dejarlo pasar.

Pero la sensatez no es la virtud por la que destacan los peregrinos. No sé porqué el Camino te atrapa con tanta fuerza, pero realmente engancha. Y justo dos semanas antes de irnos, Encarni me confirmó que se liaba la manta a la cabeza y que se apuntaba. Jejejeje! No esperaba menos de ella! Así que allí nos fuimos los cuatro y la verdad es que fue una experiencia genial. Quizás fue para resarcirnos de las desgracias de ese verano en el Camino del Norte, pero en el Portugués todo "el monte fue orégano". Menos mal!