Hola a todos! Estoy de vuelta. Y ya que algunos de vosotros me habéis dicho que la idea de que siga este blog os parece buena (por cierto, gracias, sois unos soletes), voy a contaros cómo ha ido el Camino del Norte. Podríamos resumirlo diciendo que ha sido muy diferente a los demás, mucho más duro e imprevisible. Tantos cálculos que habíamos hecho, tantos planes! De poco sirvieron! Resumiendo os diré que de los 19 días que hemos estado fuera de casa, nos han llovido 16. Pero no una lluvia tonta, no, llovía a cántaros! Y nosotras por esos caminos de Dios, andando y aguantando los chaparrones! Entenderéis que las cosas no han sido fáciles: mojadas, sin poder secar la ropa que habíamos lavado, todo oliendo a "peregrino"... Ya os contaré! Pero a parte de eso, nos encontramos con un Camino plagado de subidas y bajadas, pero a la bestia, sobre todo en el País Vasco. Encarni y yo solemos llevar siempre un buen paso, una media de unos 5 kms por hora, pero en este Camino había momentos en que íbamos a medio gas. Cargadas con las mochilas, de cuesta en cuesta o de bajada en bajada, no se puede llevar un paso tan ligero. Eso quiere decir que las etapas eran de muchísimas horas y que el desgaste ha sido mayor. Y no acaba ahí la cosa! Encima los albergues no abrían hasta las 3 o las 4 de la tarde y como solíamos llegar antes, nos tocaba esperar en la calle, mojadas, cansadas y bien sudaditas. Qué maravilla, eh? Los que deciden poner esos horarios no han hecho el Camino ni de coña. No saben que el peregrino lo que necesita al final de la etapa es quitarse de encima la mochila, descalzarse las botas, darse una buena ducha y tener una cama en la que descansar. Y eso por no hablar de que en este Camino no hay apenas albergues de peregrinos y se tiene que ir a los de juventud que tienen pocas plazas y que están llenos de turistas que han llegado cómodamente en bus o en tren. Uf! Supongo que véis que no ha sido un camino de rosas (jejejeje). Y ya para rematarlo: tengo tendinitis en el pie derecho. En la octava etapa, mientras andaba por el arcén de la que ha sido nuestra maldita compañera, la carretera N-634, empecé a tener unos pinchazos en el empeine y ahí empezó mi castigo. Andé ése día y otros dos más cojeando y al tercero tuve que abandonar. Hice tres días de reposo y al cuarto andé una etapa de unos 30 kms, la de Llanes a Ribadesella. Pero no os preocupéis, eh? Estoy bien, ahora no me duele, aunque se me sigue hinchando el pie y cojeo de vez en cuando. El médico me dijo que tengo que hacer reposo, pero la verdad es que hasta ahora no le he hecho demasiado caso...Pero no todo ha sido negativo, eh? Ni mucho menos! Lo cierto es que hemos vuelto con un sabor agridulce, un tanto desconcertadas, pero con ganas de volver, claro! Hemos visto paisajes preciosos, conocido a gente de todo tipo y hemos vuelto con las pilas cargadas! En los próximos días os iré contando más cosillas... Un bacione a todos!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario